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Hace poco tiempo que me mudé a Cal Gat y …

…entre mudanza y poner en marcha el negocio, no había tenido tiempo para disfrutar del lugar.

Aunque el motivo por el que me he visto “obligada” a hacerlo no sea otro que el confinamiento al que todos estamos sometidos, debo decir que he sido muy afortunada de que me pillara aquí.

Aquí va una lista de 5 momentos de relax que se pueden disfrutar en Cal Gat (o donde estés ahora mismo) para que te sirvan de inspiración cuando estés falta de ella.

  1. Una taza de té: soy una apasionada del té y de las infusiones en general. Tengo el vicio de comprarme tazas bonitas y tés allí donde vaya. Así que el momento de la infusión es siempre variado y diferente. Elijo una taza bonita, que me recuerde un lugar, o bien cuya decoración o forma me motive en ese momento. Una vez elegido el continente, que nutre el sentido de la vista y del tacto, me dispongo a elegir el contenido: la infusión. Para que nutra no solo mi olfato y mi gusto, sino también mi alma. Mi preferido es un té Earl Grey, con su toque cítrico. Pero solo me permito uno al día, por eso de la excitación. Que yo ya tengo suficiente energía sin necesidad de estimulantes. A veces, si sé que el día va a ser largo, me permito un té verde aromatizado preferiblemente con alguna fruta o bien con toques florales. Y si ya he pasado mi frontera de los estimulantes diarios o bien ya está avanzado el día, elijo una infusión de hierbas, más especiada como un chai original sin té o si he tenido una comida copiosa, una carminativa de comino, hinojo y anís estrellado. A veces incluso me apetece una depurativa si me noto algo “cargada” mental y físicamente. Así que al final, haya elegido lo que haya elegido, busco un rincón donde sentarme y calentar mis manos y nariz con la taza humeante. Unas veces es el sofá de casa, desde donde veo a lo lejos una montaña nevada, que aún no he descubierto cuál es su nombre y escucho pájaros fuera poniendo la música a este momento. Otras veces bajo al porche del apartamento y me siento a observar desde esa pequeña altura el jardín, mientras el té reposa. O bien me siento al sol en alguna de las sillas del jardín y saboreo la infusión mientras hago acopio de vitamina D.
  2. Un baño caliente: he trabajado más de diez años vendiendo bañeras y los últimos seis vivía en un piso donde solo tenía ducha. Como viajaba mucho, intentaba por todos los medios que mi habitación de hotel tuviera bañera. Ya sea invierno o verano, me gusta llenarla de agua caliente, echarle un puñado de sal marina y un par de cucharadas de leche de avena donde he diluido unas gotas de algún aceite esencial (geranio, lavanda, naranja) y me sumerjo en un baño relajante y reconstituyente. A veces me pongo velas y música y apago la luz. Otras veces me sumerjo también en un buen libro. Otras, me dejo distraer con las mil aplicaciones que tengo en el móvil. El caso es que desde que vuelvo a tener bañera, me parece un pecado no hacerlo de vez en cuando. Nuestros huéspedes disponen también de bañeras, así que espero que puedan encontrar en ellas la misma paz que yo.
  3. Libro y gatos: ¿sabíais que la frecuencia del ronroneo de los gatos no solo es relajante, sino que también se cree que tiene efectos positivos en nuestro sistema inmunológico? Por eso, cuando me siento cómodamente con el libro que esté leyendo en ese momento, y veo que uno de mis gatos se acerca, me preparo para una sesión terapéutica de nutrición de mi mente y de mi cuerpo.
  4. Jardinería: antes de mi título de bióloga no se me daban bien las plantas. Se morían a pesar de (o quizá precisamente por) mis cuidados. Durante la carrera y después tampoco mejoraron mucho mis habilidades. Pero en algún momento descubrí que las plantas son como las personas: si las escuchas, es fácil saber lo que quieren. Ojo, que no quiero que ahora me encierren. No estoy diciendo que oiga voces. Simplemente que cuando entiendes lo que quieren las plantas, es fácil conseguir que al menos no se mueran. Una mañana en el jardín o en la terraza, observando cada planta, quitándole una hoja seca aquí, poniendo un poco de tierra allá, regándolas, plantando nuevas o reubicándolas tras la llegada de una nueva son tareas que me aportan calma y una gran satisfacción.
  5. Cantar: recuerdo un trauma en el colegio cuando tenía unos 6 o 7 años. Me reí de la caída de una compañera cantándole una canción de burla y el profesor me castigó cantando la canción para toda la clase encima de la mesa. Desde entonces no me atrevía a cantar en público y nunca pensé que se me diera bien. Pero hace ya unos 10 años, por la necesidad de socializar, me apunté a una coral de Gospel. ¡Quién me iba a decir que me iba a gustar tanto cantar y actuar! Ahora ya he dado un paso más y recibo clases particulares de canto. Y uno de mis momentos favoritos es cuando enchufo el micro en la barra de sonido que tenemos en el Loft de Cal Gat y me vuelvo una estrella de la música. Sí, parece mentira, pero eso me relaja.

BONUS: Qué sería de un momento de relax sin una banda sonora. Estaré encantada de que me recomendéis en los comentarios canciones, que después añadiré a la lista que ya tengo y que comparto aquí con vosotros:

https://open.spotify.com/playlist/6lJ4ZyS3y0v6YDR9WMcP9p?si=vzmuYSV6Qk2csLGNB3TU7w

¡Que disfrutéis de la relajación!

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