LaNuevaNormalidad

La nueva normalidad

Hace unos días tuve que ir a Olot a hacer unas gestiones y pasé allí toda la mañana.

Por si no la conoces, Olot es una ciudad de más de 35.000 habitantes y es la capital de la Garrotxa. Preciosa.

Era la primera vez que iba a pasar tanto tiempo fuera de casa y en una ciudad de ese tamaño desde el confinamiento en las Planas, donde no somos más de 2.000 habitantes.

Así que iba ilusionada aunque algo cauta. Ilusionada por poder volver a hacer algunas cosas como desayunar en un bar. Y cauta porque no sabía qué situaciones me iba a encontrar en cuanto a medidas.

La experiencia más extraña fue esperar en una sala de espera casi vacía para que me sacaran sangre donde, entre paciente y paciente, la enfermera tenía que limpiar TODO.

Después me fui a recuperar fuerzas a un bar, donde pude quitarme la mascarilla en mi mesa para comer. Desde allí pude ver como el dueño saludaba a un proveedor con un choque de codos. O como unas amigas habían quedado para desayunar y la mesa donde se sentaban era su espacio de seguridad, ya que todas se quitaron la mascarilla nada más sentarse y empezaron a contarse su vida efusivamente.

Más tarde tenía cita con el dentista, donde te reciben como si fueras a entrar directamente a quirófano, aunque solo sea a valorar si ya toca una limpieza dental. Desinféctate las manos antes, después, durante… Ponte un gorrito, unas gafas, quítate los pendientes… Todo por nuestra mutua seguridad.

Quise quitarme ese momento tan estresante visitando a una amiga en su local donde ofrece unos deliciosos zumos y crepes. Y sí, disfruté de su compañía y de las delicias que prepara. Pero no de una cercanía o de un abrazo como me hubiera gustado.

El resto de recados fueron más de lo mismo: mascarillas, geles hidroalcohólicos, guantes, lavarse las manos… Y ver a gente sin mascarilla, con mascarilla en la barbilla, con la nariz fuera de la mascarilla…

Qué puedo decir. Fue una mañana muy estresante, sí. Y fue triste ver muchas tiendas cerradas aún o algunas con carteles de aforo limitado o indicando que las medidas tomadas eran por nuestra seguridad y aún así estaban muchas de ellas vacías. Pasear por una calle comercial semi desierta…

Pero también me hizo pensar en que no quiero que las cosas vuelvan a ser como antes. No quiero ir esquivando gente por la calle o rozarme con todo el que entra o sale de una tienda, ya sea tosiendo o hablando. No quiero sentir la respiración del que va detrás de mí en la cola del supermercado. Y no quiero tener que pedir perdón a alguien que está sentado comiendo en un restaurante para poder pasar yo al lugar que me han asignado para comer.

Para mí, la nueva normalidad debería traer nuevos hábitos en cuanto a aforo, afluencia, distancias y costumbres. Y que la cercanía la eligiéramos nosotros una vez nos sintiéramos nosotros seguros y nos fuéramos acostumbrando a las nuevas maneras de funcionar.

Pero hasta que no llegue ese día, estaría bien que TODOS hiciéramos las cosas bien y poder salir de esta en cuanto sea posible.

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